El anciano y el niño

???????????????????????

Caminaba por un bosque cercano a su casa como todos los días, bajo sus pies crujían las ramas y hojas. Ya era otoño y una brisa fresca corría entre los árboles mientras el sol intentaba desperezarse y comenzar a dar un poco de calor. El un hombre ya mayor que rondaba los 80 años, en su cara se podía ver los surcos que dejan los años vividos, su pelo cano pero abundante tapado por una vieja gorra, pantalones de pana marrón, y una gruesa chaqueta lo protegían del frío de la mañana. Todos los días se adentraba en el boque para dar un paseo, eso le rejuvenecía y le hacia recordar tiempos mejores. Llegaba hasta el río y allí se sentaba y veía el amanecer, veía como la naturaleza despertaba a su alrededor, eso para el era reconfortante. Pero aquella mañana seria distinta.

Como todos los días llego al río jadeando por el esfuerzo de andar casi 8 km, algo que para un hombre de 80 años con una fuerte cojera en su pierna derecha era algo complicado. Se acerco al río miro su reflejo en el, pudiendo apreciar como los años no habían pasado en balde, aquel espejo natural le hacia ver al realidad que el intentaba no recordar. Una brisa hizo que su gorra cayera al río, pero cuando se iba a estirar para alcanzarla un pequeño niño de unos 7 años la agarro y se la entrego. El niño rubio con unos grandes ojos de color azul cielo le miraba con una amplia sonrisa mientras le extendía la gorra, que estaba empapada por el agua del río. Descalzo, con unos pantalones hechos gironés y una camiseta de color negruzco debido a la suciedad, era lo que el niño llevaba puesto.

– Gracias hijo –dijo el anciano- ¿Qué haces aquí tan solo? ¿Y tus padres? –pero el niño no contesto- ¿No tienes frío con esas ropas? –dijo mientras recogía la gorra de la mano del niño-

Al coger la gorra rozo los dedos del muchacho que estaban frío como el hielo, esto le provoco un escalofrío que le recorrió sus viejos huesos, como si una descarga de energía le entrara por la mano.

– ¿Cómo te llamas pequeño? ¿Puedes hablar? –insistió el anciano para que el niño hablara. El anciano se acerco más a el, pero el niño que seguía sonriendo se aparto de el- tranquilo no te voy a hacer daño muchacho.
– Ya lo se –contesto el niño con una voz dulce-
– Veo que si puedes hablar, ¿Cuál es tu nombre?
– Mi nombre es Azra –mientras decía esto sus ojos se iluminaron con los primeros rayos de sol del día, haciendo que parecieran más azules todavía-
– Hola Azra, mi nombre es Enrique –dijo el anciano mientras sonreía al niño- ¿vives en el bosque?
– No –contesto rotundo el niño- ¿vio que peces mas bonitos hay en el río? –pregunto el pequeño-
– Si claro que los he visto pequeño –contesto sorprendido por la pregunta del niño- ¿quieres mi chaqueta para cubrirte del frío?
– No gracias, no tengo frío.
– ¿Seguro? –pregunto el anciano mientras miraba el cuerpo del niño con una tonalidad pálida propia del congelamiento- Yo tengo un grueso jersey que me tapara igual del frío.
– No se preocupe por mi, mire que peces tan bonitos –insistió el niño señalando al río-

El anciano finalmente miro al río por la insistencia del pequeño, lo que allí vio era totalmente distinto a lo que estaba acostumbrado a ver en aquel río. Ese día el río estaba repletó de peces de diversos colores azules y amarillos, el sol traspasaba el agua chocando con las escamas de los peces y hacían un espectáculo de color que nunca hubiera imaginado el anciano. El niño se acerco al viejo y le cogió de la mano, mientras el también miraba a los peces, un frío helador corrió por la venas del viejo al contacto con la mano del niño, pero no tenia dolor, solo una sensación de bien estar hizo presencia en su corazón y en su alma. Ambos se miraron y sonrieron, pero esa sonrisa le duro poco al anciano. Una gota cayo al rió desde la mejilla arrugada del anciano.

– ¿Por qué llora? –pregunto el pequeño que aún estaba agarrado al anciano- ¿No le gusta lo que ve?
– Si me gusta pequeño, claro que me gusta –dijo mientras se limpiaba las lagrimas- lloro…..no lo entenderías, aún eres muy joven.
– Explíquemelo –dijo el niño con una sonrisa en su boca- yo no tengo nada que hacer. ¿y usted?
– No claro que no –dijo mientras le miraba a esos enormes ojos azules-
sentémonos, espero que no te aburras.
– Seguro que no –dijo el niño. Ambos se sentaron en unas rocas cercanas al río y el anciano comenzó a hablar-
– Siempre fui una persona que pensó en los demás que en si misma, me preocupe más por el bien de ellos que por el mío, que fueran felices, les daba todo mi amor y cuando algo me hacia daño intentaba disimularlo y que no se notara, para que ellos no se preocuparan. Pero esto en más de una ocasión hizo que pensaran que no tenía sentimientos, se aprovecharan de mí, o creyeran que les engañaba. El amor que nunca recibí de pequeño, lo entregue multiplicado por mil, pero la gente es egoísta, muchos piensan en si mismo y cuando saben que te hacen daño pero tú no muestras ese dolor, se piensan que ese amor que das es falso, mentira, que les estas engañando para conseguir algo de ellos. Ahora estoy solo, solo tengo mi vieja casa y mi poca vida para vagar todos los días por este bosque y verme reflejada mi imagen en este precioso río. Tenia que haber mostrado más mis sentimientos, tenia que haber llorado cuando correspondía, para que ellos vieran que a mi también me duelen las cosas, para que vieran que me importa la perdida de las perdonas queridas, para que vieran que mi corazón sufre como sufre el de ellos. Pero no podía, pensé que mostrar eso seria un signo de debilidad, mi orgullo no podía permitir eso, tenia que ser fuerte y que ellos lo vieran, aguantar sus penas y esconder las mías. Perdí todo por mi orgullo, por mi forma de ser, todos a los que quería se alejaron de mí, pensando que yo nunca les había querido, porque en ninguna ocasión mostré mis lágrimas por su marcha. Solo mostré mi indiferencia, mi frialdad, como si la cosa no fuera conmigo, cuando por dentro mi corazón y mi alma lloraban de dolor. Pero otro lado el amor que ellos me procesaban nunca era suficiente para mi, mi falta de cariño en mi infancia me hacia querer más, y aunque ellos me daban su amor con todas sus fuerzas, para mi nunca fue suficiente. Muchas veces me di cuenta de esto pero no puse remedio, y ahora solo en este bosque cada mañana anhelo aquel cariño. Nunca pude ser feliz porque yo mismo hacia que no lo fuera así, nadie más tiene la culpa nada más que yo.

El niño se levanto de la roca, cogió con ambas manos la cara del anciano que en esos momentos estaba empapada en lagrimas, y con su dulce voz le hablo.
– Anciano, no estas solo en cada corazón de ellos perdura un pedazo de ti, todos te echan de menos y lloran cada día por ti. Ellos entendía perfectamente como eras y nunca les importo que fueras así. Es más comprender que eras así hacia que te amaran más –el anciano le miro extrañado por las palabras del niño-
– ¿Cómo sabes tu eso pequeño? No me conoces de nada
– Te conozco más de lo que crees, llevo buscando te una eternidad hasta que por fin te encontré.
– ¿¡Qué dices!? – el anciano aparto las manos del niño y se levanto de la roca de un salto- ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres de mí?
– Soy Azra, y solo quiero llevarte donde te corresponde –dijo mientras caminaba hacia el anciano-
– ¿Dónde me corresponde? –pregunto aterrorizado el anciano-
– No temas, llevas vagando por este bosque durante mucho tiempo, es hora de que tu alma descanse.
– ¿Mi alma? No entiendo nada – el niño lo agarro de la mano y lo condujo al río. El anciano no podía despenderse de aquel muchacho que tenia una fuerza colosal-
– Suéltame pequeño, ¿Qué quieres de mí?

Pero el pequeño niño no dijo nada, una vez estaban en la orilla del río le indico al anciano que volviera a mirar. El anciano estaba atemorizado, pero miro. Una imagen comenzó a materializarse en el río, el anciano vio pasar toda su vida en imágenes en aquel río, incluso vio su muerte por accidente de trafico una noche lluviosa y en la carretera cercana a aquel bosque. También vio como todos sus seres queridos lloraban su muerte, como muchos de ellos hundidos por su perdida no salían adelante en sus vidas, y como cada uno de ellos cada mañana se acordaba de él, de su sonrisa, de su positividad en la vida.

– ¿Estoy muerto? –pregunto el anciano-
– Si –dijo el niño mientras asentía con la cabeza- y es hora que después de mucho tiempo te reúnas con tu familia.
– ¿Cómo?
– Han pasado muchos años desde tú muerte, tu espíritu lleva vagando por estos bosques mucho tiempo, la familia, que un día conociste te espera.
– ¿Tú me llevaras a su lado?
– Es el trabajo que el me ha encomendado, y siempre lo cumplo.
– Ya se quien eres pequeño –dijo el anciano mientras agarraba la mano fría de aquel niño- eres Azrael el Ángel de la muerte, aquel que recibe las almas de los muertos y las conduce para que sean juzgadas.

El niño no le contesto, solamente volvió a sonreír al anciano y comenzó a andar guiándolo hacia las frías aguas de aquel río, hasta que ambos desaparecieron.

Licencia de Creative Commons
Pensamientos desde el retrete by Luis Dueñas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

2minox0's Blog

This WordPress.com site is the cat’s pajamas

purificacionibeas

Autora literaria

fotoblogmovil

Fotografías realizadas con teléfonos móviles

Otra con ojos cafés

Escribir para desahuciar dulcemente lo vivido

ZALMAN5K

Agente de Cambio

.... FRAGMENTOS...

Un espacio de creación literario poética

Desde el otro lado de la montaña...

Aquí encontrarás anécdotas, experiencias, momentos de gozo, felicidad y también tristeza.

A %d blogueros les gusta esto: