Salex: La muerte te acecha (Parte III)

Salex

Parte III

 
Había pasado una semana desde el último ataque de los llamados zoombies, aunque nadie sabía la verdadera causa de aquellos sucesos, la gente, y sobre todo los periódicos sensacionalistas habían denominado a aquellas personas como zoombies. Pero nada estaba claro, los especialistas estaban trabajando en ello e intentando averiguar qué era lo que provocaba el brote caníbal, a nosotros en la comisaria y después del ataque que había sufrido uno de nuestros compañeros, nos habían dado orden de disparar a matar si nuestra vida o la de algún inocente corría peligro. Se habían incrementado las patrullas de policía por las calles de la ciudad, se había establecido un toque de queda no estricto para prevenir ataques; cuando me refiero a no estricto, es que la gente no estaba obligada a cumplir el toque de queda, pero la mayoría lo cumplía.

Aquella noche en la comisaria nos preparábamos para salir a patrullar, mi compañero y yo esa noche nos tocaría la zona más peligrosa de la ciudad, llena de indigentes, yonkis, ladrones, prostitutas y un largo etc. En el furgón iríamos 4 policías armados con nuestro subfusil HK MP7 y nuestra pistola Llama M-82, además de los nuevos uniformes fabricados en keblar que nos protegían de los posibles ataques caníbales.
Llegamos a la zona asignada a la patrulla, nos bajamos del furgón policial y comenzamos a patrullar por las calles a pie; ahora las patrullas se hacían de este modo por barrer lo más posible el terreno. Todo estaba muy tranquila, normalmente en esta lugar no se paraba de escuchar gritos y peleas. Pero esta noche todo era demasiado tranquilo, no se veía a ninguna prostituta en las calles, aquello era muy raro. Ordene a mis compañeros que prepararan sus armas para en cualquier momento tener que utilizarlas. Llegamos a la zona donde se concentraba el mayor número de indigentes, y lo que vimos allí nos sorprendió a los cuatro. No había nadie, normalmente estaba repleta de indigentes, muchos de ellos yonkis, pero esa noche no había nadie. Aquella noche la conocida como la zona muerta parecía una ciudad fantasma, ni un ruido, ni una persona por la calle, nada de nada, aquello era muy raro y cada vez estábamos más nerviosos.
–          Aquí no hay nadie, esto es muy raro – dijo Nacho-
–          Tranquilos, no nos pongamos nerviosos – intente calmarlos-
–          ¿Por qué no llamas a la central y que mande un helicóptero para que desde el aire echemos un vistazo? – dijo Fran-
–          Tienes razón, es una muy buena idea –Fran era mi amigo desde que ambos entramos en la policía. Nosotros ya habíamos vivido un ataque caníbal-
Todo sucedió una mañana, Fran y yo nos encontrábamos almorzando en una cafetería, la puerta de la cafetería se abrió de golpe y un hombre ensangrentado entro tambaleándose y pidiendo ayuda. Fran y yo lo atendimos, llamamos a una ambulancia y solicitamos refuerzos, le dejamos en la cafetería mientras salíamos a comprobar que había sucedido, al llegar a la calle vimos a una mujer desnuda y agachada, desenfundamos las armas y con cuidado nos acercamos a ella. Entre sus manos tenía un bebe de apenas 4 meses, estaba prácticamente destrozado, de su boca colgaba restos de carne del bebe que se la había arrancado a bocados. Cuando nos acercamos nos miró, sus ojos estaban desencajados, sus manos y su cara empapados en sangre, hizo un gesto rápido y felino y soltó al bebe lanzandose hacia mi compañero Fran. El ataque fue  frustrado por un disparo en la cabeza que yo mismo realice, más tarde supimos que el hombre que entro en la cafetería era el marido de la mujer y que él bebe, era hijo de los dos.
Llame a la central y solicite un helicóptero, mientras llegaba y nos recogía, seguimos patrullando sin alejarnos mucho del lugar donde nos recogería el helicóptero. No tardó en llegar, nos subimos y comenzamos a inspeccionar el lugar desde el aire. Pero desde ahí tampoco pudimos ver nada, ni a nadie. Decidimos regresar a la central y dar por finalizada la patrulla por esa noche.
–          Mire lo que hay ahí abajo –dijo el piloto del helicóptero-
–          Descienda – le ordene-
Nos dejó a unos 5oo metros del sitio que habíamos visto desde el aire, aquel lugar estaba a las afueras de la zona muerta cerca de un estercolero, nos acercamos con cuidado porque lo visto desde el aire era algo extraño. Lo que contemplamos una vez allí fue algo dantesco, multitud de cuerpos amontonados, el hedor era algo inaguantable, seguramente aquello se había camuflado por la cercanía del estercolero, llegando a pensar que el olor provenía de la basura acumulada. Todos los cuerpos estaban destrozados, se podían ver los mordiscos en sus caras y en sus cuerpos. ¿Qué estaría sucediendo? Los científicos que analizaron los cuerpos no encontraban nada raro en ellos, salvo un olor dulzón que emanaba del interior.
 
Continuara……..
 

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