Salex: La muerte te acecha (Parte V)

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Parte V

Ya nota poco a poco como la vida se marcha de su cuerpo, el calor de su sangre se derrama por sus heridas abiertas y profundas al igual que el agua se escurre por el sumidero. No puede moverse, a su mente regresan imágenes de su infancia, cuando solo un niño que corría tras un balón por el patio trasero de su casa, y cantaba gol cada vez que estrellaba el balón entre aquellos dos palos pintados con tiza en la pared. Recuerda como su madre le partía un pedazo de pan y se lo daba; como el solía llamarlo el piquito. También recuerda cuando su padre entraba por la puerta de casa después de estar trabajando horas y horas en la calle, recuerda el olor a uno en su traje; lo recuerda domo si fuera ayer mismo. Lo abrazaba y le regalaba un beso, su padre siempre traía un mechero y se lo regalaba; pero no era un mechero común, era para su colección, ya tenia unos diez, de todas las clases. Tenia uno en forma de estatua de ángel, otro con forma de taladradora, el típico con forma de pistola. La sonrisa de felicidad se reflejaba en su cara y eso era suficiente para que su padre se olvidara de aquel largo y duro día. Pero eso solo eran recuerdos de un tiempo que fue mejor, ahora su vida ya no era nada, salvo un cuerpo agonizando en el suelo frio de un callejón donde un animal le desgarraba la piel a tirones. Podía escuchar como engullía su carne, como saboreaba cada pedazo que le arrancaba de su cuerpo, quería escapar de aquella pesadilla, pero no era posible, era su realidad, y cada vez estaba más convencido de ello, cada vez sabia que era cuestión de minutos que cerrara los ojos para siempre, que la paz llegara a su cuerpo. Le había ataco en la oscuridad, abalanzándose sobre él, y cayo al suelo dándose un fuerte golpe, noto una punzada en su espalda como si algo se le clavara en la columna, y cuando fue a moverse no podía. Un hierro se le clavo con tal mala suerte que le daño una vertebra dejándolo inmóvil en el suelo y a merced de aquel animal, que comenzó a devorar su cuerpo lentamente. No tenia dolor alguno por el daño en su columna. Noto como aquel animal que le había devorado parte de sus extremidades trepaba por su cuerpo hacia su cara, no sabia que animal era, ni se lo podía imaginar cuando vio a una mujer de unos 25 años completamente desnuda, con la cara desencajada y ensangrentada. No tenia vida en sus ojos completamente desorbitados, inyectados en sangre y coléricos. El pánico recorrió su cuerpo al ver que lo que el creía que era un animal era una mujer, intento hablar pero antes de que pudiera hacerlo aquella mujer, si es que se la podía llamar así, se abalanzo sobre su boca arrancándole el labio inferior de un solo bocado, se le podía ver la dentadura inferior por completo, en sus ojos se podía ver el terror cuando las manos de ella se apoyaron en su cara, clavando sus dedos en los ojos, con un movimiento circular le saco ambos de sus cuencas, el intento moverse, pero no pudo.

 

Aquel disparo entro en su pecho desnudo, se pudo escuchar un grito ahogado de dolor. La sangre comenzó a brotar con fuerza fuera de su cuerpo por el orificio de su pecho, noto como el calor se escapaba de su cuerpo, y antes de caer al suelo en sus ojos se pudo ver la vida que segundos antes no tenia. Una lagrima se precipito por su mejilla al suelo frio de aquel callejón, donde ella había acabado con la vida de Alejandro, un joven de 16 años que se dirigía como todas las noches al parque con sus amigos. Su equivocación fue atajar por aquel callejón donde María al verlo sintió el deseo de atacarle, desgarrando su piel y devorando su cuerpo. Esa noche mientras caía la lluvia sobre sus cuerpos ya sin vida, Alfredo un joven policía que aquella noche le toco patrulla esa zona, miraba ambos cadáveres con amargura, y desconcertado pensaba que seria de la humanidad si aquello continuaba así, sino se encontraba el motivo de porque las personas se transformaban en animales salvajes sedientos de sangre, se desgarraban las ropas y se abalanzaban sobre sus iguales, devorando sus cuerpos y matándolos. Hasta la fecha, ningún individuo que había sufrido estos repentinos cambios, había salido con vida de ello, su violencia y descontrol era tal, que todo aquel que se cruzara con uno de ellos se veía obligado a terminar con su vida sino quería ser una victima más de ellos. Aquella noche fue triste pero desde hacia unos meses todas lo eran, ¿hasta cuando seguiría esto?

 

Continuara……

 

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