Salex: La muerte te acecha (Parte VI)

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Parte VI

Solo mi respiración me acompañaba, mis pensamientos eran confusos, el corazón latía con fuerza y casi parecía, como si se fuera a salir del pecho. Un segundo antes, y estaría junto a ellos, quizá fuese suerte, quizá instinto de supervivencia; no estoy seguro, pero por ahora estaba vivo. Tras aquel estante de la tienda permanecía inmóvil, agazapado, tembloroso, pero a salvo. Al otro extremo se podía escuchar el crujir de los huesos, la piel desgarrándose, aquellos gruñidos. Los ruidos guturales de aquellas personas que todavía luchaban por su vida, pero que, en sus ojos ya se reflejaba el frio brillo de la muerte acechando su alma, algunos, ya se habían abandonado a su destino, su mirada perdida reflejaba la impotencia y el dolor; pero sobre todo, el miedo por lo desconocido, por saber que ese seria su final, que allí, en la pequeña tienda de frutos secos de su barrio, se esfumaría su vida.

Todo paso muy rápido, aquella pareja entro en la tienda, la chica parecía enferma; ojeras, una frente empapada de sudor, temblores, mirada perdida. Él estaba o aparentaba estar en mejores condiciones, pero al igual que ella, estaba enfermo. Ambos se dirigieron a la zona donde estaban las neveras, abrieron una y empezaron a extraer botellas y latas de refresco, comenzaron a pasarse las bebidas frías y las bolsas de hielo por el cuerpo. Para ser pleno invierno en la capital, la chica simplemente llevaba una camiseta fina de tirantes que no dejaban mucho a la imaginación, y que además no creo que la tapara mucho de las bajas temperaturas del exterior. Él llevaba una camisa desabrochada que dejaba ver su pecho. Un hombre se les acerco y les llamo la atención por utilizar de aquel modo las bebidas frescas y los hielos de la nevera. La chica, se acerco lentamente al hombre; tenia la mirada clavada en él, se relamía constantemente mientras le miraba, se quito la camiseta de tirantes dejando al descubierto sus pechos. Él hombre la miro y avergonzado la pidió que se tapara, y antes de que se pudiera dar cuenta, paso lo que nadie creía que pasaría; la chica se abalanzó sobre el cuello del hombre y de un bocado le arranco un gran pedazo del mismo, lo escupió al suelo, aquel hombre intentaba parar la gran cantidad de sangre que le salía del cuello, su mirada era una mezcla de terror y sorpresa. No le dio tiempo a ver venir el segundo ataca de la chica, que dando un salto, le tiro al suelo, y una vez allí, comenzó a devorarle la cara.

El pánico se apodero de los presentes al ver aquella imagen aterradora, un hombre corpulento salió corriendo en ayuda del que estaba siendo devorado por la chica. Pero no tardo en ser derribado por el acompañante de la muchacha, que al igual que ella lo ataco como un animal salvaje, hincándole sus dientes en la piel. El grito del hombre fue aterrador, al notar el dolor en su espalda por el mordisco, rápidamente se dio la vuelta, y de un golpe tumbo a aquel muchacho; su tamaño y fuerza eran superiores a la del chico, y eso en principio parecía que le salvaría, pero no fue así. Como un resorte se levanto el chico del suelo, sangraba por la boca del golpe, su mirada fría y despiadada se clavo en aquel hombre que esperaba un segundo ataque. El chico corrió hacia él, gruñendo como un animal salvaje, salto sobre el hombre que ya le esperaba con los puños preparados para proporcionarle otro golpe, pero antes de que esto pudiera suceder, la chica lo ataco por la espalda mordiéndolo en el cuello, bajo la guardia y el chico lo ataco mordiéndole el otro lado del cuello. Yo aterrorizado me escondí tras las estanterías del almacén, rezando porque aquellas dos bestias no me encontraran. Pude ver y escuchar como devoraban la carne de aquellos dos hombres, como se regocijaban en ello, como se bañaban en sangre, como de su boca salían esos ruidos que jamás podre olvidar. Cuando parecía que habían saciado su sed, ambos se pusieron en pie; semidesnudos y cubiertos de sangre, salieron de la tienda. Pero allí continuaron su matanza, atacando a un niño y a una mujer que paseaban. Me acerque al teléfono y llame a la policía, no tardaron en llegar, y nada más bajarse del coche sin mediar palabra con ellos, vaciaron sus cargadores sobre sus cuerpos, y ambos cayeron sin vida sobre el frio asfalto teñido de sangre.

– Patrulla del sector 9, ¿me recibe? –se escucho en la emisora-
– Adelante, aquí sector 9.
– Tenemos un posible ataque I.C. extremen la precaución.
– Recibido nos dirigimos –las ruedas del coche patrulla chirriaron- solicito me diga la medida a tomar cuando lleguemos al lugar.
– Un momento –durante unos segundos la radio dejo de sonar, mientras el coche patrulla circulaba a alta velocidad por las calles- Patrulla 9.
– Adelante le recibo.
– Exterminio si la amenaza se confirma como real.
– Recibido, en 2 minutos estamos en el lugar.

Dejo la radio en el acople del salpicadero y mientras su compañero conducía, él se inclino hacia el asiento trasero y extrajo un arma semiautomática de gran calibre, la cargo y le quito el seguro. El vehículo derrapo en la calle, ambos policías armados se bajaron de él y encañonaron a las dos bestias que en mitad de la calle devoraban a aquella madre y a su hijo. Un sonido ensordecedor de las marcas semiautomáticas hizo acto de presencia; las balas impactaban en los cuerpos y los atravesaban como si fueran mantequilla fundida. Una de ellas le alcanzo al chico en plena cabeza, atravesándole de lado a lado y dejando tras de si un orificio del tamaño de una canica, cayo al suelo fulminado. La chica se intento tapar con las manos, y esto le provoco que uno de los impactos le arrancara tres dedos; ella también cayo inerte al suelo, la calma llego. Los policías parecían sicarios, más que policías, sin piedad, sin rencor; simplemente se bajaron del vehículo, los dispararon, se volvieron a montar en él y se marcharon, dejando allí los cuerpos. Unos segundos más tarde un camión apareció, recogió los cadáveres de la calle y de la tienda, y se marcho.

– ¿Cuándo terminara todo esto? –se preguntaba uno de los policías que segundos antes había acribillado a aquellos dos chicos-.
– Son ellos o nosotros –contesto el compañero mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde-.
– Si, lo se, pero aún así, me cuesta.
– Ahora mismo es lo que nos hace seguir vivos, hasta que no encuentren el motivo, no podemos bajar la guardia.
– Ya, sabes que dicen que todo esto puede ser causado por…….. ¡Cuidado! –grito, pero no le dio tiempo, por la ventanilla del vehículo que estaba bajada, se había colado un hombre que de un solo bocado le había arrancado media cara a su compañero. Rápidamente empuño su arma reglamentaria, y vacío el cargador en aquel hombre, pero esto no salvo a su compañero y amigo de morir desangrado-.

Continuara……

 

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