Salex: La muerte te acecha (Parte VII)

shejaula

Parte VII

No pasaba un día sin que los periódicos anunciaran nuevas víctimas, los científicos cada vez más confundidos no encontraban la fuente de la epidemia. El país cada vez estaba más sumido en la decadencia, la policía algunas veces no podía controlar lo que sucedía en las calles. Los continuos ataques cada vez eran más comunes. Todavía no teníamos un individuo que poder estudiar que no estuviera muerto, y esto dificultaba la labor.

Como cada mañana me dispuse a salir de casa con mi escolta policial, cuando recibí una llamada del laboratorio. Al parecer la noche anterior había capturado a un individuo vivo con los síntomas; aunque en la lucha tres policías habían fallecido. Pero por fin teníamos algo donde poder estudiar y ver porque aquellas personas se volvían tan agresivas.

Llegue al laboratorio, me enfunde mi bata, y me dispuse a examinar a aquel individuo. Cuál fue mi sorpresa al entrar en el laboratorio y ver a Marta, desnuda y encadenada. Su cuerpo estaba lleno de heridas, de una de sus manos colgaban solo dos dedos, y los otros habían desaparecido; más tarde supe que ella misma se los había arrancado y comido. Marta era una vieja amiga de la facultad que había ido por el mal camino. Estando en la facultad conoció a su novio, él se pagaba los estudios vendiendo droga, y Marta cayo en ellas. La última vez que la había visto acababa de salir de un centro de desintoxicación.

– Cuidado doctor es peligrosa –dijo uno de los agentes al acercarme a ella-
– ¿Por qué esta desnuda?
– Así la encontramos, igual que en los otros casos.
– Ya, ¿ella fue quien….?
– Si –no me dejo terminar la frase- ella acabo con tres compañeros nuestros.
– Pero si…..

La mire a los ojos y no pude reconocer su mirada, de su boca manaba una espuma entre mezclada con sangre, unos ruidos como si de un animal se tratara, era lo único que salía de su boca. Su temperatura era de unos 45 grados, algo fuera de lo normal para un ser humano.

– Qué sucede doctor? –hablo mi ayudante-
– Nada –mi mirada se clavó en ella, había perdido toda humanidad, ahora solo era un animal salvaje y sediento de sangre-
– Ya tengo las muestras de sangre doctor.
– Muy bien, vayamos a examinarlas, y recemos porque nos den algún resultado.

Comprobamos las muestras de sangre y no descubrimos nada extraño. No sabíamos por dónde seguir aquella investigación, ¿tal vez la humanidad se estaba volviendo loca? No creo que fuera así, algo estaba sucediendo y tenía que averiguar que era. Un ruido en el laboratorio donde estaba Marta nos alertó, mi compañero y yo corrimos al lugar, cuando llegamos allí, nos quedamos paralizados. En la jaula con Marta había uno de los policías, la puerta estaba abierta pero Marta no había huido, estaba en un rincón acurrucada y temblorosa, con las manos llenas de sangre y jadeando.

– ¿Qué ha sucedido? –pregunte al otro agente que venía por el pasillo-
– ¿¡Cómo!? –grito, y apunto con su arma a Marta-
– Un momento –me coloque entre el arma y Marta-
– Quítese doctor –dijo el agente-
– ¿Dónde estaba usted?
– ¿Qué? Estaba en el baño
– ¿A sí que no sabe que ha sucedido aquí?
– Sé que mi compañero está muerto y que ella le ha matado, eso es suficiente.
– Déjeme intentar hablar con ella, por favor
– ¿Hablar? Pero sino habla, solo gruñe –el agente me miro y resignado me dijo con un gesto de cabeza que si-
– Marta, Marta, ¿me recuerdas? – ella levanto la cabeza levemente y me miro. Era la primera vez que reaccionaba a un estímulo exterior, su actitud ya no era tan agresiva-
– ¿Jose, eres tú? –Pregunto con voz tímida y asustadiza- ¿Qué me ha sucedido?
– Eso mismo queremos saber, ¿no recuerdas nada?
– No –se miró las manos empapadas en sangre y se puso a llorar amargamente tras mirar el cadáver del policía a sus pies-
– Marta, ¿tomaste algo, alguna droga? –lentamente comencé a entrar en la jaula, ella ya era inofensiva-
– No recuerdo nada, mi cuerpo, mis manos, ¿Qué me ha sucedido?
– Tienes que recordar, intenta recordar, es muy importante – ya casi estaba a su lado, mientras el agente de policía la apuntaba con su arma-
– Solo recuerdo que….espera, aquello era, ¿no puede ser?, Jose
– Si Marta, dime –antes de que me diera cuenta Marta salto sobre mi como un gato sobre un pequeño e inofensivo ratón. Los disparos resonaron en el laboratorio y Marta cayó sobre mí ya sin vida-

Continuara………

 

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