Él-IV

 

IV

No veía nada, mis ojos estaban cegados por la oscuridad y solo escuchaba unos gritos. No podía procesar todo lo que estaba sucediendo; estaba aturdido.
Desperté sobresaltado mientras me zarandeaban con fuerza. Abrí los ojos y frente a mí el segundo de abordo me miraba con la tez blanca.

– Muchacho… -dijo con voz temblorosa- ¿Estas bien?
– ¿Te mordiste la lengua? -pregunto uno de los marineros que me agarraban por los brazos-.
– Llevarle abajo aquí no nos puede ayudar -escuche a mi espalada-

Por más que lo intente no podía vocalizar ninguna palabra. Estaba desorientado y no tenía ni idea de lo que había sucedido. Los dos marineros que me agarraban me llevaron a un camarote y me tumbaron sobre una de las camas. Una vez me dejaron allí salieron de allí con mucha prisa.
La cabeza me dolía muchísimo, al tocarme en la nuca noté que estaba húmeda y al mirarme la mano comprobé que estaba sangrando. No era mucha sangre así que no me preocupe mucho.
No me había dado cuenta, pero tras mirar un poco a mi alrededor me pude percatar que estaba en camarote del capitán. Intenté incorporarme y tras un gran esfuerzo lo conseguí. Justo en ese momento el capitán entro por la puerta.

– Parece que ya te encuentras mejor -le miré atentamente pero no conteste- ¿Qué sucede grumete? -pero seguí sin contestar-. El golpe…
– ¿Dónde…?
– Continua.
– ¿Dónde estoy?
– No puedo creer que hayas perdido la memoria por el golpe. Deja de tomar el pelo a tú capitán.
– No… quizá…
– Vamos termina una frase -el capitán empezaba a ponerse nervioso por lo extraño de la situación-. Tenemos muchos problemas ahora mismo para que llegue alguno más.
– De verdad que no se…
– O recuperas la cordura grumete o tendré que dar otro golpe para que lo hagas -se le veía enojado-.
– Ca…
– Por todos los dioses -grito el capitán mientras se acercaba a mi enfurecido-.
– Un momento mi capitán -se escuchó una voz en la entrada del camarote-.
– ¿Qué diablos? -contesto mientras se daba la vuelta para ver quien le había interrumpido-.
– Discúlpeme, pero es posible que tras el golpe el muchacho…
– Diablos -interrumpió el capitán. Me miro y salió del camarote haciendo aspavientos-.
– Por poco ¿verdad? -me limite asentir con la cabeza-. ¿Imagino que tampoco te acordaras de mí? Bueno, eso ahora mismo es lo que menos nos importa -acerco una silla junto a la cama y se sentó- ¿Me dejas comprobar la herida de la cabeza?
– Sí -finalmente conteste y me gire para que pudiera verla-.
– Fue un fuerte golpe, pero salvo la bonita cicatriz que se te va a quedar y la pérdida de memoria…
– ¿Dónde estoy?
– Eso ahora mismo es lo que menos te tiene que preocupar. Ahora descansa e intenta volver a recuperar la memoria. Quizá tardes algunos días, pero no te preocupes pronto volverás a estar como antes.
– Pero…
– Ahora descansa muchacho, mañana nos volvemos a ver.

Salió del camarote y me dejo con mis dudas y mis temores. ¿Dónde estaba? Y lo más importante. ¿Qué diablos había sucedido?

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