Se cumplió I

 

Aquella mañana el sol resplandecía en el horizonte, tras varias semanas de lluvias, se agradecía el calor y la luz que aquel día estaba dispuesto a darnos. La noche fue abrupta de sueños terroríficos que me llevaron a una leve locura momentánea. Me dispuse a sentarme frente a mi ordenador y escribir un poco; pero antes tenía que organizar mis caóticas ideas. Me prepare un café bien cargado para centrarme.
Siempre es complicado empezar, encontrar la manera perfecta para atrapar al lector desde el principio. Llevaba poco escribiendo, pero de una cosa estaba seguro, cautivar con mis palabras para que cada segundo que alguien pasara frete a uno de mis libros no fuera tiempo perdido, sino que con ellos enriqueciera el saber y la fantasía.
Así comenzó este relato, que más tarde se le unieron muchos otros, y que finalmente no solo tenía la misión de atrapar al que lo leyera, sino que el mismo se convertiría en parte de la historia, como espectador en algunos casos, y como sufridor en otros tantos. Muchos nunca lo sabrían, y otros dudarían de lo que leían, pero todos formarían parte de la historia.

El principio:

Mis dedos amartillaban continuamente el teclado lanzando letras que formaron palabras, que más tarde formaron frases, y con ellas una historia que nadie; ni si quiera yo, llegaría gamas a comprender. Todo empezó al verla a ella pasar frente a mi ventana.
Caminaba por aquella solitaria calle, llena de callejones, mientras las paredes atrapaban su sombra queriendo apoderarse de ella. Algo se movió a sus espaldas, y un escalofrió recorrió su cuerpo haciéndola soltar un gritito de terror que se ahogó en sus carnosos labios. Se giró para comprobar que o quien provoco aquel ruido. De entre los cubos salió corriendo una rata rápidamente perseguida por un esquelético gato con ojos amarillos y pelaje negro como el carbón. Ella suspiro aliviada.
Todavía no me explico que hacia aquella mujer en aquel lugar, pero cuando una historia surge espontanea de tu cabeza y se trasmite a través de los dedos; no se debe pensar y solo dejar que aquello continúe.
Siguió su camino sin mirar atrás, intentando hacer el menor ruido posible con sus tacones. Se detuvo frente a una puerta y tras mirar a ambos lados llamo dando tres golpes con los nudillos. La puerta tardo en abrirse, pero ella espero frente ella. Finalmente se abrió, de la oscuridad del interior salió una mano que la entrego algo, y luego la puerta se cerró. Se guardó aquello en la chaqueta y continuo su camino. Aquel barrio no era de buena fama y raro era ver a alguien como ella por aquella zona. Se detuvo en un rincón del callejón, saco de su bolsillo lo que la habían entregado y se lo llevo a la nariz. Suspiro profundamente y durante unos segundos sus ojos se tornaron blancos.
Aquel seria su final sin ella saberlo, cuando levanto la vista le vio. Relamiéndose, con los ojos inyectados como los de aquel gato que perseguía al ratón; ella era su presa y no la iba a dejar escapar. Se abalanzó sobre su cuerpo y antes de que pudiera gritar pidiendo ayuda la corto el cuello. Se puso las manos intentando impedir que saliera la sangre, pero ya era demasiado tarde, el frió comenzó a introducirse en su cuerpo. Él no tardo en despojarla de la ropa que llevaba, mientras ella luchaba por no desangrarse. La tumbo sobre el frió y húmedo suelo, y la penetro una y otra vez sin dejar de mirarla a los ojos. Viendo como su vida se marchaba sin que ella no pudiera hacer nada. Cuando hubo terminado, la quito de la mano aquel sobrecito con polvos blancos, y tras esparcirlo sobre sus pechos, los esnifo de una sola vez. Su sonrisa macabra sin apenas dientes, la hubiera aterrorizado si todavía estuviera con vida.
Tras mirar lo que había escrito, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Lo guardé y me fui a hacer unos recados. Pero antes me pasaría por casa de mi vecina Marta para enseñárselo y que me diera su opinión. Llame varias veces a su puerta, pero no me contesto, quería que viera lo que me había inspirado al verla salir la noche anterior de su casa. Deje de llamar y baje las escaleras en dirección a la calle. Al salir me cruce con Ignacio, él me dijo porque Marta no abría la puerta. Regresé a casa y empecé a bucear por internet buscando lo que Ignacio me había contado; y fue cuando lo vi.
“Mujer de entre 25 y 30 años violada en un callejón del barrio negro. Se cree que antes de la violación la seccionaron la arteria yugular con un arma blanca. También se encontró restos de cocaína en su pecho.”
No podía creer lo que estaba leyendo, mí relato…mí historia… ¿sería casualidad? Seguí leyendo el articulo y fue cuando vi la fotografía del sospechoso detenido en el lugar de los hechos. Un hombre que sonreía a la cámara sin apenas dientes y con la aquella mirada terrorífica que me había imaginado para mi personaje. Cerré el ordenador de golpe, mire por la ventana, y entonces fue cuando supe que jamás volvería a ver a Marta pasar frente a mí ventana.

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