Se cumplio II

 

Desperté aturdido y mareado. Un sudor frio me corría por el cuerpo. Mire a mi alrededor sin saber muy bien lo que buscaba, suspire y cerré los ojos intentado centrarme. Había vuelto a suceder, el mismo sueño, la misma pesadilla, el mismo sentimiento de inquietud. En definitiva, la misma imagen en mi retina que se había vuelto real.
Llevaba sin escribir una semana. Tras lo sucedido no me sentía capaz, ella había pagado por mi culpa; porque todo era mi culpa. Todo tal y como lo había escrito se había transformado en real. Cada detalle, cada imagen que me paso por mi mente al pensar como seria aquella historia; todas y cada una de mis palabras pensadas y escritas habían sido plasmadas en los periódicos como yo había dicho. Pero, tenía que estar seguro de que nada de aquello habría sido una coincidencia; quizá me había vuelto loco, y todo había sido imaginación mía. Quizá leí la noticia y luego comencé a escribir mi historia, y mi mente confusa me hizo creer que había sido de otra manera.
Por eso decidí sentarme a escribir, pero esta vez, mi historia sucedería dos días después de que terminara de escribirla. Pondría la fecha y vería si todo aquello se convertía en realidad. La historia tenía que ser algo atroz y salvaje, así sabría realmente que no era una coincidencia.
Encendí el ordenador y me puse a ello, poco a poco fueron saliendo de mis dedos lo que mi mente les dictaba, y poco a poco, las palabras se transformaron en una historia.

2 de febrero del 2017

El viento escapaba y se escondía en cada esquina. La lluvia no dejaba de caer y empapaba su abrigo sin pudor. Bajo su sombrero una mirada acechaba a la multitud y les escudriñaba como un depredador al acecho. Buscaba algo, pero él no sabía que era, la ansiedad de su cuerpo le guiaba, y pronto, el sabría que era aquello que calmaría su desesperación.
Se detuvo en una esquina esperando que algo sucediera, esperando recibir una señal que le guiara. Pero no sucedió nada. Desesperado y empapado, se marchó devuelta a su casa.
– Vienes empapado -le dijo ella al verle entrar.
– Hola -fue lo máximo que salió de su boca.
Paso junto a ella y tras colgar el abrigo en el perchero subió a la habitación. Ella lo miro atónita, pero no era la primera vez que sucedía. Ya eran muchas las semanas que se le veía distraído, que no hablaba con nadie, que iba del trabajo a casa, y de casa al trabajo con la mirada perdida.
Sonó el despertador, un nuevo día se dibujaba con los primeros rayos del sol. La luz entraba por su ventana iluminando la estancia y llenándola de vida. Pero él estaba muerto, su mirada a si lo decía, aunque su corazón seguía latiendo. Se vistió y salió de casa como tantas otras mañanas. Ella solo escucho la puerta cerrarse tras él.
En el trabajo no cambio nada de los anteriores días, misma rutina, mismos comentarios a sus espaldas, mismo vacío en su interior que lo devoraba por dentro. Decían de él, que estaba loco; pero todos estamos locos hasta que encontramos la cordura. A él le faltaba encontrarla, la había perdido, o quizás nunca la había tenido del todo. El día se marchó tras los rayos rojizos del sol que dieron paso a la luz blanca de la luna llena.
Camino buscando en las calles un soplo de esperanza que le diera lo que el necesitaba. Se detuvo junto a una farola y se quedó mirándola fijamente. El destello de su luz venia y se marchaba a su antojo, la oscuridad aparecía y desaparecía. Una delicada mano le acaricio el hombro, un susurro le recorrió por la espalda erizándole el bello. Ese su susurro lo trasformo sus oídos en la voz cálida de una mujer. Se dio la vuelta y ante él encontró a ella, ojos castaños y pelo rojizo como el fuego.
– ¿Quieres pasar una buena noche? -le dijo.
– Yo…
– Claro -dijo ella mientras le acariciaba el pecho.
– Te…te…tengo prisa -tartamudeo él.
– Mi casa está cerca -aquellos ojos felinos le devoraban.
– Pero… ¿Por qué yo?
– Eres guapo y si no me equivoco estas buscando algo, se te ve en la mirada. Yo puedo satisfacer tus deseos, aunque dependiendo de cuales sean te costara más o menos -no dijo nada, la agarro del brazo y dejo que ella le guiara.
Llegaron a su casa, y ella comenzó a quitarle la ropa, él no se negó, pero seguía con su mirada cada movimiento. Algo le ocurrió porque se quedó paralizado sin respirar. Ella se dio cuenta y le pregunto, pero él no escuchaba, su mente estaba en otra parte, su mirada perdida, su cuerpo rígido. Se asustó y corrió a llamar por teléfono, pero antes de que pudiera marcar, noto una presión en su garganta que no la dejaba respirar. Las manos de él se aferraban fuertes, ella luchaba, pero todo era inútil. Cayo al suelo sin poder hacer nada. Cuando despertó se vio desnuda sobre una mesa y atada de pies y manos. Al otro extremo, estaba él sentado en una silla, la vio despertarse y una sonrisa se dibujó en su cara.
– Ahora sé lo que necesito para calmar mi ansiedad.
– Suéltame, ¿qué coño te pasa?
– Lo he visto muy claro.
– ¿De qué cojones estás hablando? Estás loco.
– Locos son los que no encuentran su cordura. Yo la mía ya la he encontrado.
– Dios mío.
– Locos son los que se conforman con una vida insulsa y rutinaria. Ellos no buscan, no sientes, y lo que sienten es lo que les dicen que tienen que sentir.
– Suéltame hijo de puta.
– Yo no soy, no he sido nunca como ellos. Algo me faltaba -su mirada se clavó en ella. Un escalofrió de terror la inundo cuando vio que se levantaba y en sus manos portaba un enorme cuchillo de cocina.
– ¿Qué vas a hacer con eso? -dijo con voz ahogada por el terror.
– Voy a liberar mi alma, voy a encontrar mi cordura, voy a enseñarte de verdad el camino a seguir.
– Por favor deja que me marche, no diré nada.
– Claro que no vas a decir nada.
Se subió a la mesa. Él también estaba desnudo, y se colocó a horcajadas sobre ella. Con ambas manos levanto el cuchillo sobre su cabeza. Cayo con fuerza y atravesó el pecho como mantequilla, la sangre mano abundante. Pero no se detuvo, con fuerza empezó a rasgar la piel, abriendo un surco desde el pecho hasta el ombligo. Soltó el cuchillo e introdujo las manos en el interior. Tiro con fuerza y del saco las entrañas.
Ella estaba en estado de shock, su cuerpo estaba cubierto de sangre. Le miro a los ojos sin saber muy bien lo que había sucedido, y cuando vio su expresión se dio cuenta que ella no estaba herida. La sangre y vísceras que había sobre su cuerpo y la mesa eran de él.
– ¿Ahora quién es el loco? -llego a decir.
– Pero…
– Tu esperanza es penosa, tu realidad es inútil, tu vida está vacía. Tu eres la loca.
– ¿Yo?
– Yo moriré y tu vivirás. Ahora sientes alivio por ser yo quien dejara este mundo. Tu egoísmo es tu perdición.
– ¿Egoísmo? Serás hijo de puta, muere de una puta vez loco.
Su cuerpo cayó sobre el de ella mostrando en su espalda un símbolo. Su respiración comenzó a ser dificultosa por el peso que él ejercía sobre ella, y aquello fue su final. Ahogada por el cuerpo sin vida de aquel hombre que embaucado por una secta que adoraba a la diosa hindú Kali, acabado con su vida y arrastro la de ella con él.

Este mundo esta lleno de locos que se creen cuerdos, y cuerdos que creen estar locos. Y cada uno tenemos el nuestro, y cada uno tenemos nuestras locuras, solo hay que conseguir que ellas no se apoderen de nosotros, y que nadie las utilice para su beneficio.

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